Sábado 10 de enero

Los programas de “Onda corta”, después de las fiestas de fin de año donde hicieron un esfuerzo tal que la pantalla plasma por poco se queda herniada de por vida, han tenido que recurrir, para recuperar aliento, a algunas emisiones de relleno “cortitas, cortitas” pero “muy cortitas”.

Una de ellas toda una lección – el chico que la daba era en principio un humorista, con tan poco humor que aun no entiendo como no le colgaron un cartel alrededor del cuello poniendo en letras mayúsculas “HUMORISTA”.

Siempre me he preguntado si el publico que asiste a alguna emisión, de las cortas-cortas, donde algunos ¿Cómicos? ¿Presentadores? - no me atrevo a llamarlos bufones porque los bufones del medievo además de tener mucho talento, una inteligencia fina y aguda, mucho arte para soltar algunas verdades cargadas de humor (de esas que hacen reír sin ofender, o tan solo un poco) tenían mucha influencia con el Señor que los contrataba. Bueno, yo marciano total, me pregunto si el público recibe una remuneración para reír. O si el hecho de asistir a una emisión “cómica” incluye la obligación de partirse de risa, aunque para ello tengan que recurrir al chiste que unos amigos les contaron hace unas semanas en el bar del barrio.

Bien pensado, va ha ser que el publico tiene mas talento que algunos profesionales televisivos. De hecho, hagamos una prueba: dejemos una emisión sin público - para reír, aplaudir, animar, o sencillamente estar. ¿En que quedaría? Pues, en nada o en muy poca cosa, porque una mayoría de presentadores no tienen ni la fuerza, ni el talento, ni el carisma para aguantar a ellos solos una emisión. En serio quita al público y a muchas emisiones les quitas, la sal, la vida. Serian indigestas, sin más.

Una fracción de segundos, el tiempo de cambiar de cadena, y cuatro palabras supuestamente graciosas del supuesto humorista me cazan el oido:
“al parecer en los tejanos no se plancha la raya…..”

Me imagino que el humorista, dotado de mucho humor en su vida cotidiana, debe de llevar todos sus pantalones tejanos con la “rayita” planchada en medio (milimétricamente en medio), sobre todo los pitillo (bien ajustaditos) quedan de muerte con la “rayita” bien planchada, bien “marcada”.

Que le vamos ha hacer unos marcan “paquete” y otros marcan la ralla del tejano. No, si en esta vida cada uno marca lo que puede.