Jueves 8 de enero 009

A Rasputiña’s no lo quedo otro remedio que idear una fuente de ingresos adicional a la de “Onda Corta”.

Después de unas semanas angustiosas pobladas de pensamientos oscuros. Algunas noches incluso sobresaltado despertaba de algún turbio sueño en el que se veía hecho un mendigo, pidiendo en la puerta del metro o de alguna iglesia. Llego la idea.

El barrio Kun Chinchín, padecía de Centros de belleza. Aprovechando el prestigio de su cargo en “Onda corta” no tuvo ninguna dificultad en obtener un préstamo del banco “Luciferus and co.”

En una de las calles mas cotizadas del barrio encontró un local apto para el centro de belleza.

No escatimo, Rasputiña’s.

Un diseño innovador, un decorado moderno con influencias de diferentes culturas. Suntuoso. No encuentro otra palabra. Suntuoso. Jacuzzi inspirado en la exótica arquitectura de los “hamams” árabes, piscina diseñada con mosaicos romanos, piscina de masajes de agua con, en su centro, flotando sobre el agua, un bar hawaiano. Sala de masaje vanguardista, estancias muy Zen con tumbonas, espesas toallas blancas, y un discreto bar sirviendo toda clase de te et infusiones. Peluquería. Rayos UVA. Centro de estética. Y un restaurante con una impresionante cristalera dando sobre un pequeño jardín interior, donde unos patitos nadaban en el pequeño estanque lindado de bambus. Precioso.

La inauguración fue un exitazo, una fiesta de las que hacen historia y se quedan en la memoria de los participantes durante mucho tiempo.

Todo funcionaba de maravilla y de no haber sido por el “astronauta” y los “prestamos” solicitados con cada vez mas frecuencia a Rasputiña’s, este ultimo hubiese podido ser una de las nuevas fortunas de Kun Chinchin.

Los medios empleados en el centro de estética, pociones de alta cosmética cuyos componentes eran celosamente guardados, aunque poco ortodoxos, eficaces.

El centro apostaba por lo natural: almejas molidas con pimienta y pepinillo servían de mascarillas. Baba de caracol como tonificante. Yogur mezclado con alcohol y cerveza era el más eficaz de todos los limpiadores faciales. Para devolver al pelo todo su brillo y volumen se utilizaba una pasta hecha a partir de harina de maíz, huevo y cerveza. Para los masajes del cutis se utilizaba aceite de oliva mezclado con aceite de almendras, camomila, un toque de canela y aromas de vainilla. En cuanto a la mascarilla más cotizada la “Innova”: limpiaba, tonificaba y estiraba la piel en 15 minutos. Sus componentes un misterio total. Aunque la asistenta de Rasputiña’s después de haberse ofrecido una sesión completa en el Centro de estética, comento que la textura de la “Innova” le recordaba al esperma del “astronauta” (que le tocaba limpiar en la casa de Rasputiña’s con cada vez mas frecuencia).

Se guardo el comentario para ella. Últimamente su sueldo no solo había triplicado sino recibía regalos y remuneraciones extras cada dos por tres. Rasputiña’s hombre de mundo sabia comprar el silencio del personal.