Miércoles 7 de enero 009
El barrio de la Kun Chinchiná se recuperaba de los días alocados de fiesta. Una tranquilidad fuera de norma reinaba en sus calles. Hasta las factorías, parecían trabajar a ritmo más lento.
Rasputiña’s insatisfecho por los escasos beneficios, en comparación de la Misaka y familia, se quejaba sin éxito. Cada vez mas trabajo para unas ganancias idénticas. Pensó en vender sus acciones, presentar dimisión y largarse a otra cadena menos chapucera que “Onda corta”. El único problema es que ya había hecho la “tournée” de todas las cadenas y estaba “quemado” en todas. Perspectivas poco halagüeñas se ofrecían ante el.
¿Bajar la cabeza ante la Misaka y apechugar? Ni hablar. Además su gusto por los jóvenes, atléticos y peludos “Osos” vestidos de cuero del barrio gay de la Kapital, le costaba un ojo de la cara.
Un encuentro había cambiado el rumbo de su vida. En uno de los locales, frecuentados por los “Osos”, unas anchas espaldas - cuyo propietario: moreno, atlético (uno de sus brazos era tan ancho como los dos muslos juntos de Rasputiña’s) peludo como un oso y dotado de una angelical cara – le engancho la mirada. Rasputiña’s se acerco e invito el joven a una copa. Hablaron un rato acodados a la barra antes de bailar en la pista iluminada por luces color arco-iris. El joven cojio a Rasputiña’s en brazos y restregando su “caja de herramientas” contra el escaso “bulto” de su compañero de baile le mordisqueo el cuello antes de arrearle un pellizco en el culo. Un respigón de placer recorrió toda la piel de un Rasputiña’s deshaciéndose en atenciones hacia su joven acompañante.
De madrugada el joven encuerado de negro acabo en la habitación de Rasputiña’s. Ato este último a los pies de la cama antes de dejar puesto por única prenda un calzoncillo muy ajustado de brillante cuero tan negro como el látigo que tenia en mano. Rasputiña’s tumbado en la alfombra con tan solo pensar en el joven acercándosele ya había tenido tres orgasmos incluso antes de empezar.
Paso toda la mañana, el medio-día y parte de la noche antes de que el joven “oso” abandonara el apartamento de Rasputiña’s. Ya en la acera respiro satisfecho el aire de la madrugada; con gesto viril coloco el “paquete” en su sitio antes de meter la mano en el bolsillo y sacar unos cuantos billetes que contó con tranquilo placer.
No vayan a pensar mal. Tan solo se trata de un préstamo.
Los vecinos de enfrente cuentan que a las cuatro de la tarde, Rasputiña’s en pelota picada aplastado, a intervalos regulares, contra una de las ventanas de su balcón tenia la cara desencajada de placer o de dolor (no se sabe muy bien), incluso estuvieron a punto de llamar a la policía. Después de madura reflexión les pareció más prudente observar y esperar. Una hora entera de reloj, ni minuto mas, ni minuto menos. ¡Que barbaridad! Antes de que Rasputiña’s arrancado, por unos poderosos brazos, de la ventana acabara tumbado en la cama. Uno de los vecinos con mejor visión, desde su balcón, que los demás grito:
- No es nada. Esta “jodiendo” con un semental de los que salen en las revistas.
Tranquilizado el vecindario volvió a sus quehaceres.
Algunos días mas tarde, la asistenta, justamente vecina de enfrente, comentaba:
- Había esperma no solo en los cristales sino hasta en las cortinas. ¡Que barbaridad! ¡Que barbaridad! Como esto siga así o me sube el sueldo o se busca otra.
Si antes, su gusto por los jóvenes le hacia andar escaso de dinero, ahora desde que tenia al “astronauta” (lo llamaba así porque tenia la polla en levitación doce horas al día) como amante, sinceramente estaba sin un duro.
Tenia que encontrar rápidamente una solución.
La Misaka, sabía muy bien por donde iba la hebra, y a cada petición de Rasputiña’s para obtener más dinero, solía proponerle:
- Échate al Tomate por amante. No te costara ni un duro.
- El Tomate, para el mono, guapa. Que yo tengo otros gustos.
Las relaciones estaban tensas.