Martes 6 de enero 009

El “Barrio Kun chinchín” - así se conocía al Kultorium y su entorno - también tuvo su cabalgata particular.

El Tomate, cara oculta por una barba blanca, corona, capa roja con bordados, botas y tanga dorados oficiaba de Gaspar, Catalino Avaricio, dada su edad iva totalmente tapado (en un principio estaba previsto sacarlo con un anchísimo traje de baño negro llegándole hasta las rodillas – estaba tan horrendo que era demasiado hasta para la cabalgata lucífera), cara abetunada, capa negra, corona sujeta en los laterales por unos cuernos rojo fluorescente interpretaba un Gaspar insólito. Rasputiña’s iva de Melchor, espatarrado en el trono de la carroza, un tonel de likorium a su lado, tiraba entre los espectadores puñados de preservativos (los defectuosos).

La Pirula había convocado a todas les brujas, el espectáculo corría de su cuenta. Montadas en escobas, aullando como dementes, volaban como murciélagos entre las carrozas de los Reyes Magos. Los camellos, cargados de ataúdes adornados con lazos rojos, eran conducidos por Fricky Babon disfrazado de pastor. Lucifer, en un gesto de generosidad, poco usual en el, presto sus músicos personales para acompañar la cabalgata.

La primera carroza llevaba un dragón lanzando fuego por la boca y un espeso humo azulado por las narices, la Misaka (el cuerpo a medio cubierto por un atuendo dandole aires de dragonela) instalada en la dragonita cabeza, brazos levantados, saludaba a sus fieles.

Caramelos, a base de sustancias alucinógenas, eran lanzados al público al mismo tiempo que preservativos, pequeñas botellas de plástico llenas de likorum, etc.

El incienso fabricado en el Kultorium salía de los laterales de las carrozas, los asistentes lo aspiraban gozosos a pleno pulmón. Los descendientes de Lucifer que, teniendo en cuenta las numerosas mujeres seducidas, se contaban por miles, tanto hijos como nietos participaban a titulo honorífico en la cabalgata. Confortablemente instalados en las más exuberantes y fastuosas carrozas, vestidos por los modistos más selectos del momento, deslumbraban. Su diabólica belleza seducía y producía, al mismo tiempo, un irreprimible escalofrío. Solían salir raramente de la “Ciudad Prohibida” (morada, en las entrañas de la tierra, de Lucifer, familia y sequito), era, se puede decir, la única vez en todo el año en la que se mostraban en la corteza de la tierra a la mirada publica. Aclamados y aplaudidos, saludaban con frío orgullo a los espectadores.

Los chiringuitos y carpas montados para la ocasión así como bares, restaurantes o discotecas, estaban preparados para acoger a los participantes y espectadores de la cabalgata. Un enorme escenario en la plaza central estaba instalado para recibir las actuaciones de lo más “in” de la música. Miles y miles de personas moviéndose por el barrio de bar en bar, de carpa en carpa, de discoteca en discoteca, pasarían toda la noche y parte de la mañana.

Era una fecha muy señalada en las festividades luciferinas.

También fue la noche en la que, a la bruja Pirula, le dio un tremendísimo ramalazo cerebral. Se le metió en la cabeza de lucir para la ocasión sus “preciosas” piernas. En mini-falda, montada en la turbo escoba cuyas cerdas habían sido puestas a remojo en un baño de amarillo fluorescente, encabezaba y dirigía a las demás brujas en sus piruetas celestes.

En cuanto al Tomate aprovechando el clima de euforia general, se atrevió a escribir una carta a los “Reyes Magos” – abandonada discretamente en la mesa de trabajo de la Misaka – donde pedía como regalo una mascota idéntica a “Pablito pollita de palo”.

Este año como los anteriores ha sido un éxito total. Aunque los “Reyes Magos” no hicieron ni pu… caso a la petición del Pomodoro.